Monte Urgull
El Monte Urgull se encuentra en uno de los extremos de la Bahía de La Concha, custodiando la Parte Vieja. Es uno de los tres pulmones de la ciudad, un paraje natural que te envolverá en un halo de tranquilidad, con caminos asfaltados, rodeados de vegetación exótica y que esconden miradores con escenarios de postal sobre San Sebastián.

Me llamo Rosita Wicke. Siembro la muerte y el gemido
Rosita Wicke
Desde el balcón panorámico del castillo se comprende el nacimiento geológico de San Sebastián: el monte Urgull era un islote, en cuya parte sur, más protegida del oleaje, se acumularon durante milenios las arenas y los sedimentos del río Urumea hasta formar un tómbolo, una lengua de tierra que lo unió al continente. En ese terreno anfibio nació la pequeña villa amurallada, al pie de Urgull. Esas tierrillas arrastradas desde las laderas de Goizueta (Navarra) hasta la orilla del Cantábrico componen ahora los metros cuadrados más caros del País Vasco.
En la puerta de la Casa de la Historia está Rosita. La encontraron en el fondo del mar, en la bocana del puerto de Pasajes. Ahora ella vigila San Sebastián desde lo alto: «Me llamo Rosita Wicke. Siembro la muerte y el gemido. Me hizo Juan Vastenove. Esto es verdad. Año 1502». Rosita es una bombarda de bronce, un cañón de gran calibre, que lleva grabados con letras góticas su nombre y su amenaza. Y el escudo del condado alemán de Oldenburg. La encontraron en el fondo del mar, arrojada por algún barco que aligeraba peso para no zozobrar. Los expertos revelan sus vergüenzas en voz baja: Rosita era pesada y torpe. Para moverse, debían arrastrarla una docena de parejas de bueyes. Y los artilleros tardarían tanto en cebarla que solo podría disparar una bomba cada quince minutos. Lo más probable es que no disparara nunca, añaden con discreción, para no ofender. La trajeron a la cumbre del monte Urgull, donde recuperó su orgullo y su posición dominante, aunque la colocaron apuntando al océano y no a la ciudad, quizá para que se siga creyendo temible.
Del castillo de La Mota, bajamos hacia la otra vertiente, hacia el mar abierto, y seguimos los cartelitos hasta el Cementerio de los Ingleses. O preguntamos a las lagartijas.
Este cementerio es el equivalente donostiarra de unas ruinas guatemaltecas o camboyanas: monumentos ruinosos, perdidos en la vegetación. Alberga lápidas y mausoleos de oficiales británicos que cayeron defendiendo San Sebastián y el régimen liberal contra el asedio carlista de 1836-37. Entre la vegetación también se alzan pedazos de un monumento que conmemora la destrucción de la ciudad en 1813 durante el asalto angloportugués contra los ocupantes napoleónicos. Hay soldados de piedra tirados por los suelos, a los que les faltan brazos y cabezas, pero no por culpa del enemigo sino del abandono: de los muñones asoman los hierros que antaño sostenían esos miembros perdidos.
Aquí yacen el coronel Tupper, del Sexto Regimiento de Fusileros Escoceses (muerto en Aiete), el coronel Oliver de Lancey (muerto en Hernani), los soldados Newman, Howard, Gates, Smith… Las inscripciones dicen: «A la memoria de los valientes soldados británicos que dieron la vida por la grandeza de su país y por la independencia y la libertad de España» (aquí alguien lanzó un reventón de pintura). Y otra: «Inglaterra nos confía sus gloriosos restos. Nuestra gratitud velará su eterno reposo». El cementerio se inauguró en 1924 y, según cuenta el minucioso cronista Javier Sada, el alcalde Pardo, con sombrero de copa, prometió ante los embajadores de Inglaterra y de Estados Unidos, ante las reinas María Cristina y Victoria Eugenia, el príncipe de Asturias, infantes, duques, marqueses, diputados, generales, soldados y músicos, que el pueblo de San Sebastián, «hidalgo y caballeroso», veneraría estos restos como si fueran los de sus propios hijos. Luego se celebró un simulacro de batalla naval en la bahía de La Concha, con disparo de cañonazos desde Urgull y lanzamiento de bombas desde la playa, «simulando un volcán». Y la Real Sociedad venció por cinco goals a cero al Esperanza, en el primer partido del Campeonato Guipuzcoano.
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